REFLEXIONES DEL COMPAÑERO FIDEL
(Tomado de Cubadebate)
Leí hace cinco días un despacho noticioso informando que Ban Kimoon nombraría a Bill Clinton como su enviado especial para Haití.
"Clinton acompañó el pasado mes de marzo al Secretario General a una visita oficial de dos días a Haití –-afirma el despacho— para respaldar el plan de desarrollo elaborado por el Gobierno de Puerto Príncipe, que busca despertar la aletargada economía haitiana.
"El ex presidente ha mantenido un notable compromiso filantrópico con la nación antillana a través de la Iniciativa Global Clinton.
"Es un honor aceptar la invitación del Secretario General para ser el enviado especial para Haití", declaró el ex mandatario.
"Clinton señaló que el pueblo y el Gobierno de Haití tienen la capacidad de superar los graves daños que causaron las cuatro tormentas que arrasaron el país el año pasado".
Al día siguiente, la misma agencia noticiosa informaba que la señora Clinton, Secretaria de Estado, llena de júbilo, declaró que "Bill era un enviado estelar". Por su parte, "el Secretario de la ONU confirmó que había nombrado a Clinton como su nuevo enviado especial para Haití. Estuvimos juntos hace dos meses en ese país y su presencia ayudó a levantar la conciencia de la comunidad internacional sobre los problemas del país caribeño.
"La ONU teme que tras un período de varios años de relativa calma apuntalada por la MINUSTAH la inestabilidad política vuelva al país."
Se vuelve a repetir en el nuevo despacho la historia de "los cuatro ciclones y tormentas que causaron 900 muertos, ocasionaron 800 mil damnificados y destruyeron la escasa infraestructura civil del país".
La historia de Haití y su tragedia es mucho más compleja.
Después de Estados Unidos, que proclamó la soberanía en 1776, Haití fue el segundo país de este hemisferio que conquistó la independencia en el año 1804. En el primer caso, los descendientes blancos de los colonos que fundaron las 13 colonias inglesas, creyentes fervorosos, austeros e instruidos, que eran propietarios de tierras y de esclavos, sacudieron el yugo colonial inglés y disfrutaron de la independencia nacional, no así la población autóctona, ni los esclavos africanos o sus descendientes, que carecían de todo derecho, a pesar de los principios incluidos en la Declaración de Philadelphia.
En Haití, donde más de 400 mil esclavos trabajaban para 30 mil propietarios blancos, por primera vez en la historia de la humanidad los hombres y mujeres sometidos al odioso sistema fueron capaces de abolir la esclavitud, mantener y defender un estado independiente, luchando contra soldados que habían puesto de rodillas a las monarquías europeas.
Aquella etapa coincidió con el auge del capitalismo y el surgimiento de poderosos imperios coloniales, que dominaron las tierras y los mares del planeta durante siglos.
Los haitianos no fueron los culpables de su actual pobreza, sino las víctimas de un sistema impuesto al mundo. No inventaron el colonialismo, el capitalismo, el imperialismo, el intercambio desigual, el neoliberalismo ni las formas de explotación y saqueo que han imperado en el planeta durante los últimos 200 años.
Haití dispone de 27 750 kilómetros cuadrados de superficie donde, según estimados confiables, la población alcanzó ya, en el 2009, la cifra de 9 millones de habitantes. El número de personas por kilómetro cuadrado de tierra cultivable se eleva a 885, uno de los más altos del mundo, sin desarrollo alguno de industrias u otros recursos que le permitan adquirir el mínimo de medios materiales indispensables para la vida.
El 53 por ciento de la población vive en el campo, la leña y el carbón constituyen el único combustible doméstico disponible para gran parte de las familias haitianas, lo que dificulta la reforestación. La ausencia de bosques, que con el suelo mullido de hojas, ramas y raíces, retienen el agua, facilita el daño humano y económico que las lluvias intensas ocasionan en poblados, caminos y cultivos. Los huracanes, como es sabido, causan daños adicionales considerables, que serán cada vez mayores si el clima continúa cambiando aceleradamente. No es un secreto para nadie.
Nuestra cooperación con la población de Haití comenzó hace diez años, cuando precisamente los huracanes George y Mitch azotaron el Caribe y a países de Centroamérica.
René Preval ejercía el cargo de Presidente de Haití y Jean-Bertrand Aristide era jefe de Gobierno. El primer contingente de 100 médicos cubanos fue enviado el 4 de diciembre de 1998. La cifra de colaboradores cubanos de la salud en Haití se elevó posteriormente a más de 600.
Fue en aquella ocasión cuando se creó la Escuela Latinoamericana de Medicina, ELAM, donde estudian actualmente más de 12 mil jóvenes latinoamericanos. A partir de entonces se concedieron a los jóvenes haitianos cientos de becas en la Facultad de Medicina de Santiago de Cuba, una de las más experimentadas del país.
En Haití el número de escuelas primarias había crecido e iba avanzando. Hasta las familias más humildes ansían que sus hijos estudien, como única esperanza de que puedan sobrevivir a la pobreza laborando dentro o fuera de su país. El programa cubano de formación de médicos fue bien recibido. Los jóvenes seleccionados para estudiar en Cuba tenían buena preparación básica, herencia quizás de los avances de Francia en ese terreno. Debían emplear un año en el curso premédico, que incluía también el idioma Español. Ha constituido una buena cantera de médicos de calidad.
En nuestras facultades médicas se han graduado como especialistas en Medicina General Integral 533 jóvenes haitianos, de ellos, 52 estudian en Cuba una segunda especialidad que se necesita actualmente. Otro grupo de 527 ocupan las matrículas que le corresponden a la República de Haití.
En ese país laboran en la actualidad 413 profesionales cubanos de la salud que prestan gratuitamente sus servicios a ese pueblo hermano. Los médicos cubanos están presentes en los diez departamentos del país y en 127 de las 137 comunas. También prestan servicios más de 400 médicos haitianos formados en Cuba, y los alumnos del último año que realizan la práctica docente en el propio Haití —junto a nuestros médicos—, lo que hace un total de más de 800 jóvenes haitianos consagrados a los servicios médicos en su Patria. Esa fuerza crecerá cada vez más con los nuevos graduados haitianos.
El reto fue duro, los médicos cubanos se encontraron con problemas difíciles. La mortalidad infantil era superior a 80 por cada mil nacidos vivos, la perspectiva de vida estaba por debajo de los 60 años, la prevalencia del Sida en la población adulta en el año 2007 alcanzaba la cifra de 120 mil ciudadanos. Decenas de miles de niños y adultos de diversas edades mueren todavía cada año por enfermedades infectocontagiosas como tuberculosis, malaria, diarreas, dengue y por malnutrición, por señalar solo algunos índices. El propio VIH es ya una enfermedad que puede enfrentarse y garantizar la vida de los pacientes. Pero esto no se logra en un año; es imprescindible una cultura de salud, que el pueblo haitiano adquiere con creciente interés. Se observan avances que demuestran la posibilidad de mejorar considerablemente los índices de salud.
En tres centros oftalmológicos creados en Haití, han sido operados de la vista 37 109 pacientes. Los casos que allí no pueden operarse por su complejidad, se envían a Cuba, donde son atendidos sin costo alguno.
Con la cooperación económica de Venezuela, se están creando 10 Centros de Diagnóstico Integrales, equipados con tecnología moderna que ya está adquirida.
Más importante que los recursos que la comunidad internacional pueda aportar, es el personal humano que utilice tales recursos.
Nuestro modesto apoyo al pueblo de Haití ha sido posible a pesar de que los ciclones de que habló Clinton nos golpearon también a nosotros. Una buena prueba de que lo que ha faltado en el mundo es la solidaridad.
Podría hablarse igualmente del aporte cubano a los programas de alfabetización y en otros campos, a pesar de nuestros limitados recursos económicos. Pero no deseo extenderme ni es deseable hacerlo para hablar de nuestro aporte. Me concentré en la salud, porque es un tema ineludible. No tememos que otros hagan lo que estamos haciendo. Los jóvenes haitianos que se forman en Cuba están convirtiéndose en los sacerdotes de la salud, que en número creciente ese pueblo hermano requiere.
Lo más importante es la creación de nuevas formas de cooperación que este mundo egoísta tanto necesita. Los organismos de Naciones Unidas pueden testimoniar que Cuba está aportando lo que ellos califican como Programas Integrales de Salud.
Nada se puede improvisar en Haití y nada será fruto del espíritu filantrópico de institución alguna.
Al proyecto de la Escuela Latinoamericana de Medicina, se añadió más tarde el nuevo programa de formación en Cuba de médicos procedentes de Venezuela, Bolivia, el Caribe, y otros países del Tercer Mundo, a medida que sus programas de salud lo demandaban con urgencia. Hoy sobrepasan la cifra de 24 mil jóvenes del Tercer Mundo los que estudian Medicina en nuestra Patria. Ayudando a otros nos hemos desarrollado también en ese campo, y constituimos una importante fuerza. ¡Eso, y no el robo de cerebros, es lo que practicamos! ¿Pueden afirmar lo mismo los países ricos y superdesarrollados del G-7? ¡Otros seguirán nuestro ejemplo! ¡No lo dude nadie!
Fidel Castro Ruz
Mayo 24 de 2009
4 y 17 p.m.
domingo, 30 de agosto de 2009
Nada se puede improvisar en Haití
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lunes, 6 de octubre de 2008
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EL TIENE COMO OBJETIVO FACILITARLE, A TODO EL PERSONAL INCLUIDO EN LA COLABORACION Y LA COOPERACION CUBANA EN EL EXTERIOR, AQUELLAS INFORMACIONES QUE LE SEAN UTILES PARA SU DESEMPEÑO LABORAL Y PERSONAL DONDE QUIERA QUE SE ENCUENTRE.
POR ESO INCLUYE DATOS SOBRE LA COLABORACION CUBANA Y LAS ACCIONES DE COOPERACION CON OTRAS NACIONES Y CON ORGANIZACIONES, ORGANISMO NACIONALES E INTERNACIONALES EN DISTAS PARTES DEL ORBE.
PUNTO ESENCIAL DE ESTE COMETIDO LO CONSTITUYE LA ALTERNATIVA BOLIVARIANA (ALBA) QUE YA HA SENTADO UNA NUEVA PAUTA EN LA INTEGRACION DE NUESTROS PUBLOS LATINOAMERICANOS Y CARIBEÑOS.
SE BRINDA INFORMACION SOMERA SOBRE LOS CONVENIOS DE COLABORACION SUSCRITO POR CUBA EN EL PRESENTE Y ANTERIORES AÑOS.
UN ESPACIO NO MENOS IMPORTANTE LO CONSTITUYE EL DEDICADO A REFLEJAR SINTETICAMENTE LA VIDA EN NUESTRAS PROVINCIAS, PARA LA ACTUALIZACION DE CADA COOPERANTE SOBRE SU TERRUÑO.
INCLUIMOS TAMBIEN SECCIONES BAJO EL ROTULO DE "DE UTILIDAD PARA TI", ENCAMINADAS A OFRECER INFORMACIONES SOBRE UNO U OTRO ASPECTO DEL PAIS QUE LE VAN A SERVIR DE MUCHO EN UN MOMENTO DETERMINADO A CADA COLABORANTE QUE LO NECESITE.
EN LA MEDIDA EN QUE SE RECIBAN LAS OPINIONES Y NUEVAS PROPUESTAS DE TEMAS O ASUNTOS A BRINDAR EN ESTE SITIO SERA AMPLIANDO SU CONTENIDO. TODO ELLO SE PUEDE HACER LLEGAR AL CUERPO DE REDACTORES AL E-MAIL:
ray@ain.cu
GRACIAS ANTICIPADAS.
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DISPUESTA CUBA A CONTRIBUIR A LA COOPERACION EN IBEROAMERICA
La Habana, 24 nov, 2005 (AIN) Manuel Aguilera, ministro interino de Relaciones Exteriores ratificó hoy la voluntad de Cuba de contribuir a la cooperación en Iberoamérica a tono con las metas de la última Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del área.
Tras recibir en la sede de la cancillería a Enrique Iglesias, secretario general iberoamericano, el titular cubano manifestó la disposición de su país de promover el desarrollo económico y social de los países de la región, a partir de la colaboración mutuamente ventajosa y en sintonía con los acuerdos de la reciente cita de Salamanca, España, del 14 al 15 de octubre de este año.
Aguilera expresó al funcionario electo en la reciente Cumbre el deseo de la Antilla mayor de apoyar los mecanismos de consulta y concertación de ese foro
y los propósitos de integración; imprescindibles para el despegue de un mundo expuesto a disímiles amenazas y plagado de problemas, afirmó.
Sobre esta su segunda visita a Cuba, Iglesias, comentó se insertaba en el proceso de coordinación con los Gobiernos del área a fin de concretar los objetivos de colaboración mediante una acción más activa y eficiente.
Al referirse a las afinidades históricas, culturales y lingüísticas de esta zona, recordó que queda mucho por hacer para alcanzar objetivos globales en beneficio de la comunidad de naciones, a partir de la cooperación económica y social.
Tras recibir en la sede de la cancillería a Enrique Iglesias, secretario general iberoamericano, el titular cubano manifestó la disposición de su país de promover el desarrollo económico y social de los países de la región, a partir de la colaboración mutuamente ventajosa y en sintonía con los acuerdos de la reciente cita de Salamanca, España, del 14 al 15 de octubre de este año.
Aguilera expresó al funcionario electo en la reciente Cumbre el deseo de la Antilla mayor de apoyar los mecanismos de consulta y concertación de ese foro
y los propósitos de integración; imprescindibles para el despegue de un mundo expuesto a disímiles amenazas y plagado de problemas, afirmó.
Sobre esta su segunda visita a Cuba, Iglesias, comentó se insertaba en el proceso de coordinación con los Gobiernos del área a fin de concretar los objetivos de colaboración mediante una acción más activa y eficiente.
Al referirse a las afinidades históricas, culturales y lingüísticas de esta zona, recordó que queda mucho por hacer para alcanzar objetivos globales en beneficio de la comunidad de naciones, a partir de la cooperación económica y social.
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LA COOPERACION INTERNACIONAL Y BILATERAL
Se conoce como Cooperación internacional al aporte de origen externo, ya sea como recurso financiero, técnico, tecnológico o humano, que se solicita o recibe de países u organismos internacionales, con el fin de apoyar el desarrollo nacional, mediante acciones, proyectos y programas específicos.
Cuba mantenía, al 30 de noviembre del 2002, relaciones económicas con 158 países y, además, con organizaciones no gubernamentales, instituciones privadas, fundaciones y otros sectores no gubernamentales norteamericanas, que no reciben financiamientos del gobierno de EE.UU. u otras agencias u organizaciones hostiles a Cuba.
Por áreas geográficas se presenta de la siguiente manera esas cantidades:
América del Norte 1
América Central y el Caribe 26
América del Sur 11
Europa 24
África 50
Asia 46
Cuba mantenía, al 30 de noviembre del 2002, relaciones económicas con 158 países y, además, con organizaciones no gubernamentales, instituciones privadas, fundaciones y otros sectores no gubernamentales norteamericanas, que no reciben financiamientos del gobierno de EE.UU. u otras agencias u organizaciones hostiles a Cuba.
Por áreas geográficas se presenta de la siguiente manera esas cantidades:
América del Norte 1
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FIDEL CASTRO: "HAY QUE AYUDAR A HAITI"
(DISCURSO DE CLAUSURA DEL V CONGRESO DE LOS COMITÉS DE DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN, Palacio de las Convenciones. La Habana, Cuba, 28 de septiembre de 1998)
Y voy a añadir algo más. Queda Haití.
Bien, se está hablando de un número de víctimas, alrededor de 100 muertos. Se habla de un número de desaparecidos; quizás muchos de ellos vayan para la lista de los muertos. Han reportado 100 muertos con motivo del huracán. ¿Por qué no se ayuda a ese país? Se lo pregunto a la comunidad internacional. ¿Cuándo van a ayudar a ese país, en dos palabras? ¿Y quiere saber la comunidad internacional cuántas vidas pueden salvarse? Aprovecho esta ocasión dramática del huracán para plantearlo.
Los ciclones dramatizan, pero sobre este país hay un permanente huracán, como este o peor, que mata todos los días casi a tanta gente como la que el huracán mata en un día, y parto de datos precisos y exactos.
Le pregunto a la comunidad internacional: ¿Quieren ayudar a ese país, invadido e intervenido militarmente no hace mucho tiempo? ¿Quieren salvar vidas? ¿Quieren dar una prueba de espíritu humanitario? Hablemos ahora del espíritu humanitario y hablemos de los derechos del ser humano.
Nosotros les decimos: Sabemos cómo se pueden salvar 15 000 vidas todos los años, o en dos palabras: cómo se pueden salvar alrededor de 25 000 vidas en Haití todos los años. Se conoce que cada año mueren 135 niños de 0 a 5 años por cada 1 000 nacidos vivos. Repito: 135 niños de 0 a 5 años por cada 1 000 nacidos vivos.
Un programa de salud --esto lo hemos hablado nosotros con algunos dirigentes políticos que han visitado nuestro país-- podría salvar a 15 000 de esos niños, y, en un cálculo muy conservador, otras 10 000 vidas más de niños entre 5 y 15 años y de jóvenes y adultos pueden salvarse sin grandes gastos.
¿Por qué a partir de esta amarga experiencia, de este daño que sufre ese país, que nos viene a recordar la larga tragedia de ese pueblo, no se le ayuda en ese campo?
Partiendo de la premisa de que el gobierno y el pueblo de Haití aceptarían gustosos una importante y vital ayuda en ese campo, proponemos que si un país como Canadá, que tiene estrechas relaciones con Haití, o un país como Francia, que tiene estrechas relaciones históricas y culturales con Haití, o los países de la Comunidad Económica Europea, que están integrándose y ya tienen el euro, o Japón, ponen los medicamentos, nosotros estamos dispuestos a poner los médicos para ese programa (Aplausos), todos los médicos que hagan falta, aunque haya que enviar una graduación completa o el equivalente.
Este país, que cuenta con más de 60 000 médicos y que puede decir con orgullo que tiene el más alto per cápita de médicos del mundo; que formó médicos calculando incluso necesidades del Tercer Mundo donde hemos enviado a muchos de nuestros profesionales de la salud, que han creado incluso facultades universitarias en varios de ellos, dispone de los médicos necesarios para el programa que proponemos.
Nos reunimos con los que están allá en Sudáfrica, una prueba elocuente de que la cuestión del idioma no es una dificultad. Nuestros médicos que fueron a Sudáfrica tuvieron que estudiar inglés y pasar un duro examen. Hay alrededor de 400, están como profesores, incluso, varios de ellos. Sabemos el aprecio que les tienen, todas las aldeas están pidiendo médicos cubanos. Cuando ellos llegaron a las aldeas, allí no se hablaba inglés —las aldeas de los sudafricanos donde están nuestros médicos no hablan inglés— y en un tiempo brevísimo nuestros médicos se adaptaron a aquella situación, aprendieron el dialecto de las aldeas y prestan excelente servicio. Así, el francés o el patois que se habla en Haití, con un mínimo técnico, con unos libritos, por el camino aprenden la terminología necesaria para entenderse con los pacientes, ese no es un problema; es más complicado el inglés.
Pero, además, hay un ejemplo: decenas y decenas de miles de haitianos a principios de este siglo, en las primeras décadas viajaron a Cuba a cortar caña y a trabajar como semiesclavos, y eso no fue un obstáculo para que cortaran toda la caña que necesitaban las transnacionales norteamericanas y los que empleaban a aquellos haitianos.
Para explotarlos no hacía falta conocer su idioma, como tampoco estos países de habla inglesa o de habla española necesitaban conocer el idioma de las aldeas de Africa para traer a trabajar a millones y millones de africanos que fueron esclavizados y crearon incalculables fortunas a sus dueños.
Para prestar salud a un enfermo y salvar vidas no hace falta conocer previamente el idioma de la aldea. La historia lo ha demostrado, aparte de nuestra experiencia reciente.En estos programas lo más difícil es obtener el personal humano y nosotros tenemos el personal humano. Estoy seguro de que no faltarán voluntarios entre nuestros jóvenes médicos, estoy absolutamente seguro (Aplausos prolongados), y son médicos que van a las montañas, van a los campos y van a donde sea. Están allá en las aldeas de Sudáfrica (Uno del público le dice: "¡Y sangre, si hace falta!") (Aplausos.)
Aprovecho esta ocasión, este momento, cuando todavía viven esos pueblos bajo el trauma de lo ocurrido, para proponer este programa para ser dirigido por una institución de Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud.
Haití no necesita soldados, no necesita invasiones de soldados; lo que necesita Haití son invasiones de médicos para empezar, lo que necesita Haití, además, son invasiones de millones de dólares para su desarrollo. Eso no lo tenemos nosotros, pero lo tienen de sobra los organismos internacionales: lo tiene el Banco Mundial, lo tienen las otras instituciones y lo tiene Occidente, con capacidad suficiente para dar un ejemplo de humanidad. Ese es el país que se encuentra entre los más pobres del mundo y es el más pobre de América Latina, sin discusión: poco espacio, tierra erosionada, montañas deforestadas, zonas pesqueras agotadas. Ha motivado acuerdos de Naciones Unidas, invasiones militares autorizadas por Naciones Unidas y ejecutadas por brigadas aerotransportadas de Estados Unidos.
Ese país no necesita brigadas aerotransportadas, lo que necesita desesperadamente son brigadas de médicos. Los médicos podemos suministrárselos; otros que envíen maestros y otros que envíen los recursos indispensables para la escuela, infraestructura de hospitales y para el desarrollo de ese país. ¿Para cuándo lo van a dejar?
Que no nos digan que vamos allí a adoctrinar a los haitianos, porque nuestros médicos no han adoctrinado a nadie en las aldeas de Sudáfrica, ni en las decenas y decenas de países donde han trabajado, empezando por Argelia desde muy temprano. Allá fueron los médicos. Los primeros médicos que salieron de aquí, realmente fueron para Argelia, muy al principio de la independencia. Y cuando nada más teníamos unos 3 000 médicos, porque nos habían llevado a los demás, la Revolución les abrió las puertas de Estados Unidos que quería dejar a nuestro pueblo sin médicos. Sin la Revolución no les habrían dado ninguna visa a los que estaban aquí sin empleo el día del triunfo, sin posibilidades, siquiera, de ir a cualquier lugar.
En Argelia se realizó la primera misión internacionalista que hicieron nuestros médicos. Alrededor de 25 000 médicos y personal de la salud han pasado por decenas y decenas de países de todo el mundo. Y queda hecho el planteamiento, lo sometemos a la consideración de los países o grupos de países que he mencionado, independientemente de la apelación que hacemos a que ayuden a Santo Domingo y a las demás islas que he mencionado antes.El caso crítico, crítico, crítico es realmente el de Haití, un clarísimo caso donde con un programa de salud relativamente modesto se podrían salvar 15 000 niños menores de cinco años reduciendo la mortalidad infantil de cero a cinco años a 35 por cada 1 000 nacidos. Nosotros tenemos 9,4, casi cuatro veces menos. Ya para reducir esa cifra a menos de 20 se requiere una medicina más sofisticada; pero reducir esa mortalidad hasta 35 ó 30 es relativamente fácil.
¿Cuántas madres podrían salvarse de las que mueren en el parto, y cuántas personas de cualquier edad que mueren de enfermedades infecciosas, que son típicas de estos países tan pobres, o de otras enfermedades, perfectamente prevenibles o curables? Hago un cálculo muy conservador, y le ofrezco hoy a la comunidad internacional la cooperación para que se salven todos los años no menos de 25 000 vidas, y la inmensa mayoría niños. Si no se hace eso en el mundo, ¿cuál será su destino?
Nosotros tenemos ese personal humano. No es un costo económico, es un costo humano. Tenemos a los hombres y mujeres capaces de llevar a cabo ese programa. Si se dignan a considerar estas palabras, esta proposición, que se comuniquen con nosotros cuando lo deseen, para que inmediatamente se pueda hacer un estudio de qué hace falta en ese país para salvarlo, y hace falta, desde luego, médicos y medicamentos.
Espero que comprendan que no deseamos protagonismo alguno, pues todo estaría subordinado a la OMS y que no vamos a adoctrinar absolutamente a nadie, porque es difícil adoctrinar a un niñito de seis meses, de un año, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete en cuestiones de marxismo-leninismo, o en teorías sobre comunismo, o en subversión política. Eso no lo han hecho jamás nuestros médicos en las decenas de países del Tercer Mundo donde han estado y salvado incontables vidas.
Y voy a añadir algo más. Queda Haití.
Bien, se está hablando de un número de víctimas, alrededor de 100 muertos. Se habla de un número de desaparecidos; quizás muchos de ellos vayan para la lista de los muertos. Han reportado 100 muertos con motivo del huracán. ¿Por qué no se ayuda a ese país? Se lo pregunto a la comunidad internacional. ¿Cuándo van a ayudar a ese país, en dos palabras? ¿Y quiere saber la comunidad internacional cuántas vidas pueden salvarse? Aprovecho esta ocasión dramática del huracán para plantearlo.
Los ciclones dramatizan, pero sobre este país hay un permanente huracán, como este o peor, que mata todos los días casi a tanta gente como la que el huracán mata en un día, y parto de datos precisos y exactos.
Le pregunto a la comunidad internacional: ¿Quieren ayudar a ese país, invadido e intervenido militarmente no hace mucho tiempo? ¿Quieren salvar vidas? ¿Quieren dar una prueba de espíritu humanitario? Hablemos ahora del espíritu humanitario y hablemos de los derechos del ser humano.
Nosotros les decimos: Sabemos cómo se pueden salvar 15 000 vidas todos los años, o en dos palabras: cómo se pueden salvar alrededor de 25 000 vidas en Haití todos los años. Se conoce que cada año mueren 135 niños de 0 a 5 años por cada 1 000 nacidos vivos. Repito: 135 niños de 0 a 5 años por cada 1 000 nacidos vivos.
Un programa de salud --esto lo hemos hablado nosotros con algunos dirigentes políticos que han visitado nuestro país-- podría salvar a 15 000 de esos niños, y, en un cálculo muy conservador, otras 10 000 vidas más de niños entre 5 y 15 años y de jóvenes y adultos pueden salvarse sin grandes gastos.
¿Por qué a partir de esta amarga experiencia, de este daño que sufre ese país, que nos viene a recordar la larga tragedia de ese pueblo, no se le ayuda en ese campo?
Partiendo de la premisa de que el gobierno y el pueblo de Haití aceptarían gustosos una importante y vital ayuda en ese campo, proponemos que si un país como Canadá, que tiene estrechas relaciones con Haití, o un país como Francia, que tiene estrechas relaciones históricas y culturales con Haití, o los países de la Comunidad Económica Europea, que están integrándose y ya tienen el euro, o Japón, ponen los medicamentos, nosotros estamos dispuestos a poner los médicos para ese programa (Aplausos), todos los médicos que hagan falta, aunque haya que enviar una graduación completa o el equivalente.
Este país, que cuenta con más de 60 000 médicos y que puede decir con orgullo que tiene el más alto per cápita de médicos del mundo; que formó médicos calculando incluso necesidades del Tercer Mundo donde hemos enviado a muchos de nuestros profesionales de la salud, que han creado incluso facultades universitarias en varios de ellos, dispone de los médicos necesarios para el programa que proponemos.
Nos reunimos con los que están allá en Sudáfrica, una prueba elocuente de que la cuestión del idioma no es una dificultad. Nuestros médicos que fueron a Sudáfrica tuvieron que estudiar inglés y pasar un duro examen. Hay alrededor de 400, están como profesores, incluso, varios de ellos. Sabemos el aprecio que les tienen, todas las aldeas están pidiendo médicos cubanos. Cuando ellos llegaron a las aldeas, allí no se hablaba inglés —las aldeas de los sudafricanos donde están nuestros médicos no hablan inglés— y en un tiempo brevísimo nuestros médicos se adaptaron a aquella situación, aprendieron el dialecto de las aldeas y prestan excelente servicio. Así, el francés o el patois que se habla en Haití, con un mínimo técnico, con unos libritos, por el camino aprenden la terminología necesaria para entenderse con los pacientes, ese no es un problema; es más complicado el inglés.
Pero, además, hay un ejemplo: decenas y decenas de miles de haitianos a principios de este siglo, en las primeras décadas viajaron a Cuba a cortar caña y a trabajar como semiesclavos, y eso no fue un obstáculo para que cortaran toda la caña que necesitaban las transnacionales norteamericanas y los que empleaban a aquellos haitianos.
Para explotarlos no hacía falta conocer su idioma, como tampoco estos países de habla inglesa o de habla española necesitaban conocer el idioma de las aldeas de Africa para traer a trabajar a millones y millones de africanos que fueron esclavizados y crearon incalculables fortunas a sus dueños.
Para prestar salud a un enfermo y salvar vidas no hace falta conocer previamente el idioma de la aldea. La historia lo ha demostrado, aparte de nuestra experiencia reciente.En estos programas lo más difícil es obtener el personal humano y nosotros tenemos el personal humano. Estoy seguro de que no faltarán voluntarios entre nuestros jóvenes médicos, estoy absolutamente seguro (Aplausos prolongados), y son médicos que van a las montañas, van a los campos y van a donde sea. Están allá en las aldeas de Sudáfrica (Uno del público le dice: "¡Y sangre, si hace falta!") (Aplausos.)
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Haití no necesita soldados, no necesita invasiones de soldados; lo que necesita Haití son invasiones de médicos para empezar, lo que necesita Haití, además, son invasiones de millones de dólares para su desarrollo. Eso no lo tenemos nosotros, pero lo tienen de sobra los organismos internacionales: lo tiene el Banco Mundial, lo tienen las otras instituciones y lo tiene Occidente, con capacidad suficiente para dar un ejemplo de humanidad. Ese es el país que se encuentra entre los más pobres del mundo y es el más pobre de América Latina, sin discusión: poco espacio, tierra erosionada, montañas deforestadas, zonas pesqueras agotadas. Ha motivado acuerdos de Naciones Unidas, invasiones militares autorizadas por Naciones Unidas y ejecutadas por brigadas aerotransportadas de Estados Unidos.
Ese país no necesita brigadas aerotransportadas, lo que necesita desesperadamente son brigadas de médicos. Los médicos podemos suministrárselos; otros que envíen maestros y otros que envíen los recursos indispensables para la escuela, infraestructura de hospitales y para el desarrollo de ese país. ¿Para cuándo lo van a dejar?
Que no nos digan que vamos allí a adoctrinar a los haitianos, porque nuestros médicos no han adoctrinado a nadie en las aldeas de Sudáfrica, ni en las decenas y decenas de países donde han trabajado, empezando por Argelia desde muy temprano. Allá fueron los médicos. Los primeros médicos que salieron de aquí, realmente fueron para Argelia, muy al principio de la independencia. Y cuando nada más teníamos unos 3 000 médicos, porque nos habían llevado a los demás, la Revolución les abrió las puertas de Estados Unidos que quería dejar a nuestro pueblo sin médicos. Sin la Revolución no les habrían dado ninguna visa a los que estaban aquí sin empleo el día del triunfo, sin posibilidades, siquiera, de ir a cualquier lugar.
En Argelia se realizó la primera misión internacionalista que hicieron nuestros médicos. Alrededor de 25 000 médicos y personal de la salud han pasado por decenas y decenas de países de todo el mundo. Y queda hecho el planteamiento, lo sometemos a la consideración de los países o grupos de países que he mencionado, independientemente de la apelación que hacemos a que ayuden a Santo Domingo y a las demás islas que he mencionado antes.El caso crítico, crítico, crítico es realmente el de Haití, un clarísimo caso donde con un programa de salud relativamente modesto se podrían salvar 15 000 niños menores de cinco años reduciendo la mortalidad infantil de cero a cinco años a 35 por cada 1 000 nacidos. Nosotros tenemos 9,4, casi cuatro veces menos. Ya para reducir esa cifra a menos de 20 se requiere una medicina más sofisticada; pero reducir esa mortalidad hasta 35 ó 30 es relativamente fácil.
¿Cuántas madres podrían salvarse de las que mueren en el parto, y cuántas personas de cualquier edad que mueren de enfermedades infecciosas, que son típicas de estos países tan pobres, o de otras enfermedades, perfectamente prevenibles o curables? Hago un cálculo muy conservador, y le ofrezco hoy a la comunidad internacional la cooperación para que se salven todos los años no menos de 25 000 vidas, y la inmensa mayoría niños. Si no se hace eso en el mundo, ¿cuál será su destino?
Nosotros tenemos ese personal humano. No es un costo económico, es un costo humano. Tenemos a los hombres y mujeres capaces de llevar a cabo ese programa. Si se dignan a considerar estas palabras, esta proposición, que se comuniquen con nosotros cuando lo deseen, para que inmediatamente se pueda hacer un estudio de qué hace falta en ese país para salvarlo, y hace falta, desde luego, médicos y medicamentos.
Espero que comprendan que no deseamos protagonismo alguno, pues todo estaría subordinado a la OMS y que no vamos a adoctrinar absolutamente a nadie, porque es difícil adoctrinar a un niñito de seis meses, de un año, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete en cuestiones de marxismo-leninismo, o en teorías sobre comunismo, o en subversión política. Eso no lo han hecho jamás nuestros médicos en las decenas de países del Tercer Mundo donde han estado y salvado incontables vidas.
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